El sapo, el ocioso sapo de las charcas, Croa entre los aldeanos Que ignoran que el trabajo de croar Le da un latido más ala noche, Un redoble a la orquesta sombreada. Y así como las cuevas se esconden en sí mismas Para dormitar en los día del invierno, El que sueña entre la hierba al mediodía O se inicia en la lectura de las nubes, El que recorre lentamente un libro Como un paisaje de color desconocido Trabaja el ocio, En jardines invisibles Abona las plantas del poema. Vendrán días, supongo, Cuando el trabajo del ocio llenará bodegas Y galpones: flores de piedra o de madera, Flautas de jade, desconocidos vientos Que abren de par en par las puertas del poema.
¿Deseas que te amen? No pierdas, pues, el rumbo de tu corazón. Sólo aquello que eres has de ser y aquello que no eres, no. Así, en el mundo, tu modo sutil, tu gracia, tu bellísimo ser, serán objeto de elogio sin fin y el amor... un sencillo deber.